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Tras una ley que fijó el reajuste por casi dos años, este año se probablemente se vuelva a discutir sobre sueldo mínimo. Como en otras oportunidades, el debate se centrará en su monto y cómo debiera reajustarse. Seguir considerando un sueldo mínimo único para todos los trabajadores no da para más, pues un aumento parejo puede tener efectos negativos en variables como la tasa de desempleo y la inclusión laboral de mujeres, jóvenes y sectores con menor educación. Es hora de considerar las diferencias de nuestros trabajadores en la ecuación para conseguir un salario mínimo más adecuado para la diversidad de nuestros trabajadores.

El salario mínimo es quizá una de las políticas laborales más controversiales al tensionar la realidad económica con la equidad. Muchos buscan que el salario mínimo resuelva las injusticias del país, pero olvidan que salarios mínimos muy elevados terminan por excluir a grupos sociales de un empleo formal. Entonces, ¿qué hacer? En el pasado, se ha discutido sobre el nivel del sueldo mínimo y cuál es la mejor institucionalidad para su cálculo y reajuste. Sin duda ello es importante, sin embargo, ha existido escasa reflexión acerca de qué factores se deben tener en cuenta a la hora de fijar el salario mínimo de modo de hacerse cargo de las diferentes realidades de los trabajadores.

¿En base a qué criterios se fija el sueldo mínimo?

No es fácil hacer comparaciones entre los niveles del salario mínimo en distintos países del mundo. En varios no existe el sueldo mínimo (Dinamarca, Suecia, Italia, entre otros) y la mayoría tiene diversos niveles de sueldo mínimo dependiendo de variables tales como edad, tipo de trabajo, región geográfica, nivel educacional, entre otros. Por ejemplo, Portugal tiene salarios mínimos diferidos según edad, región, tipo de contrato y para los trabajadores discapacitados. Por su parte, Australia considera la edad, ocupación y actividad económica; en cambio Chile, únicamente los diferencia para los menores de 18 y los mayores de 65 años. El siguiente cuadro muestra la diversidad de factores que inciden en la fijación del salario mínimo en diversos países.

¿Quiénes ganan sueldo mínimo en Chile?

Durante el segundo semestre de 2016 el sueldo mínimo en Chile fue de $257.500. Durante esa fecha un 18% de los trabajadores declaró ganar un salario igual o menor que el sueldo mínimo. Estas cifras se explican, fundamental- mente, por la presencia de trabajadores informales y por cuenta propia.

Del total de personas que declaran ganar un salario igual o inferior al mínimo, el 52% son hombres y el resto mujeres. El 34% de ellas trabajan en organizaciones con 10 o menos personas –lo que muestra el impacto del sueldo mínimo en las pequeñas empresas. El porcentaje de trabajadores jóvenes –de hasta 24 años- que gana el sueldo mínimo son muy altas en comparación con traba- jadores de mayor experiencia. Asimismo, en las regiones del país con presencia de la industria minera son mucho menos los trabajadores que reciben sueldo mínimo si se compara con las regiones donde el sector agrícola es el principal empleador.

Un sueldo mínimo igual para todos desconoce estas diferentes realidades y puede tener efectos negativos en variables como tasas de desempleo e inclusión laboral de jóvenes y sectores con menor educación. En efecto, dichos grupos son los más propensos a declarar que reciben sueldos iguales o inferiores al mínimo, tal como se muestra en los siguientes gráficos.

Asimismo, las regiones del país –fundamentalmente por su estructura productiva- responderán de manera muy distinta a alzas en el sueldo mínimo, como muestra el gráfico 3, siendo las regiones agrícolas las con menor espacio para incrementar salarios.

¿Es razonable entonces tener un sueldo mínimo único que no considere las diferencias de nuestros trabajadores? Creemos que no y que existe espacio para tener una política más sofisticada, tal como la que utilizan países más desarrollados.

Propuestas para un salario mínimo para el siglo XXI:

Creemos que más allá del monto salario mínimo y la forma en cómo se calcule que, en cualquier forma, debe considerar el nivel de crecimiento del país y el aumento de la productividad de nuestros trabajadores; se debiera avanzar en una diferenciación que tome en cuenta variables socioeconómicas de modo que los futuros reajustes limiten los efectos negativos sobre ciertos grupos. Proponemos:

  1. Sueldo mínimo diferenciado para los jóvenes entre 18 y 24 años. Esto tiene sentido, ya que la edad es una buena aproximación de la experiencia y esta última está muy relacionada con la productividad del trabajador. Además, esta propuesta es complementaria con otras políticas estatales como el subsidio al empleo joven.
  2. Diferenciar los sueldos mínimos a nivel regional. El sueldo mínimo varía mucho dependiendo la región debido, fundamentalmente, a que existe una heterogeneidad entre qué sectores productivos son más importantes como empleadores en cada una de ellas. El sueldo mínimo debiera hacerse cargo de dicha realidad. Adicionalmente, se debiera definir el salario mínimo en base a hora, como en la mayoría de los países desarrollados, esto permite la flexibilización de los contratos que se adecuen a las necesidades de trabajadores y empresas, mejorando la productividad y la calidad de vida.

 

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