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Cerca de 200 mil jóvenes salieron este año de la educación media y deben tomar la decisión de qué hacer con su futuro: estudiar una carrera en la educación superior o salir a trabajar. Sin duda, es un período de mucha incertidumbre. Por esto, es importante que ellos conozcan algunas cifras interesantes que les ayudarán a definir su futuro.

Escenario 1: Estudiar

Según el informe “Education at a Glance” que elabora todos los años la OECD, Chile es campeón por tener la mayor diferencia de sueldo entre una persona que no estudió una carrera superior y una que sí lo hizo (entre los países de la OCDE). Es que un trabajador con estudios superiores gana más del doble que uno que salió sólo del colegio. Es decir, si el segundo gana, en promedio, 100, el que se graduó de la educación superior llega a los 237 (ver tabla 1). Esto claramente refleja la enorme demanda por trabajadores capacitados.

Tabla 1: Diferencia salarial para egresados de la educación superior. (Fuente Education at a Glance 2017, OECD)

Tabla 2: Diferencia de empleabilidad según nivel educacional. (Fuente Education at a Glance 2017, OECD)Por otra parte, mayores niveles educativos ayudan fuertemente a conseguir un empleo durante la vida. Entre los adultos de 25 a 64 años, el porcentaje de chilenos que se encuentran empleados es mucho mayor entre aquellos que cuentan con educación superior, respecto de quienes no alcanzaron dicho nivel educativo. Así, quien tiene un título de educación superior tiene un 16% más de opciones de conseguir un empleo, diferencia que es mayor a la que presentan, en promedio, los países OECD.

Escenario 2: TrabajarOtra cara de la misma moneda son las tasas de desempleo e inactividad. El desempleo entre adultos es casi dos veces más alto entre quienes no terminaron la educación media si se compara con aquellos con educación superior. En el caso de aquellos que no trabajan ni buscan empleo, la diferencia entre ambos grupos es de casi 4 veces.

Por distintas circunstancias, algunos prefieren pasar directamente del colegio a un trabajo –lo que es especialmente cierto entre quienes estudiaron en la educación media técnico-profesional. Ello no es una mala idea, ya que la evidencia señala que el trabajo práctico es la mejor manera de adquirir habilidades útiles para la vida laboral como trabajo en equipo, seguir instrucciones, cumplir metas y objetivos y, por otro lado, es una fuente directa de ingresos.

De todos modos, debe tenerse presente que las tasas de desempleo a nivel de jóvenes son bastante elevadas. Según las cifras dadas a conocer recientemente por el INE, en el trimestre Agosto – Octubre, un 26,4% de los jóvenes entre 15 y 19 años estaban desocupados y 15,4% entre aquellos en el rango de 20 a 24 años estaba en la misma situación, lo que contrasta con el 6,7% a nivel país. Comparando con países desarrollados esas cifras son muy altas. Por ejemplo, datos para el año 2016 de la OECD muestran que el promedio de esos países tiene un desempleo de 12% entre 20 y 24 años comparado con el 15% de Chile. Más aún si se compara con países líderes como Islandia o Australia esas cifras son inferiores al 10%. Para cambiar esta realidad hay que tomar medidas como las que proponemos más adelante.

Escenario 3: Ser un NiNi

En nuestro país 1 de cada 5 jóvenes no estudia ni trabaja. Ellos son los famosos “NiNi”, un fenómeno preocupante, porque los datos muestran que la educación y la experiencia laboral son los principales factores que inciden en la empleabilidad y los salarios futuros de los trabajadores. Es por ello que los NiNi tienen en alerta a expertos y autoridades.

Según el estudio “Education at a Glance”, un 21% de los jóvenes entre 20 y 24 años no estudia ni trabaja. Dicho fenómeno es muy elevado si se compara con el resto de los países desarrollados. Chile sólo está mejor que países con un menor nivel de desarrollo económico como México y Turquía y otros que vienen saliendo de profundas crisis económicas y que presentan graves problemas de desempleo juvenil como España o Grecia, tal como muestra el gráfico 1.

Gráfico 1: Proporción NINIs para selección de países. (Fuente Education at a Glance 2017, OECD)

Pese a que existen distintos factores psicológicos y culturales que están asociados a este fenómeno, creemos que hay un amplio espacio para perfeccionar las políticas públicas en favor de su inclusión tanto en la educación como en el trabajo. Entre otras, necesitamos:

– Más flexibilidad en los contratos de los jóvenes para que puedan compatibilizar estudios y trabajo. Por ejemplo, poder adecuar horarios de entrada y salida al trabajo para asistir a clases.
– Promover alternativas no convencionales como el teletrabajo.
– Sueldo mínimo diferenciado para jóvenes con escasa o sin experiencia laboral previa, que incentive su contratación y maximice las oportunidades de éstos de “aprender haciendo”.
– Promover contratos “a prueba” que disminuya el riesgo de los empleadores de contratar jóvenes con escasa o sin experiencia previa.
– No considerar los ingresos generados por jóvenes trabajadores para efectos del cálculo del ingreso familiar (que da pie a beneficios sociales) ni que dejen de ser carga de sus padres en caso de tener empleos temporales.
– Poner mayor atención en la educación media técnico-profesional (que educa a cerca de la mitad de los alumnos del sistema y un porcentaje mayor de los más vulnerables). Por ejemplo, cerca del 40% de los estudiantes no realiza práctica obligatoria para su titulación, que podría tener un importante impacto entre quienes desean incorporarse directamente a trabajar.
– Seguir avanzando en perfeccionar los mecanismos y ayudas financieras para favorecer el acceso de los jóvenes a la educación superior y su permanencia en ella.

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