Top
  • En países europeos como Holanda, el 38,9% de los estudiantes trabaja y en Estados Unidos, un 20%. En nuestro país estamos muy lejos de estas cifras.
  • El verano es una excelente oportunidad para adquirir experiencia que haga más fácil conseguir posteirormente un trabajo.
  • Adecuar la legislación (flexibilidad y periodos de prueba) también ayudaría a quienes buscan de ingresar al mercado laboral.

Sin duda, los meses de verano son muy efectivos para que los estudiantes puedan acercarse al mundo del trabajo para complementar su formación académica y adquirir experiencia que les servirá, una vez que egresen de la educación superior, para acceder a empleos de calidad. Un ejemplo son los trabajos temporales y prácticas profesionales que se realizan en estas fechas y que son una forma concreta de aplicar en el mundo real, los conocimientos que han adquirido durante sus estudios.

 

  1. La importancia de aprender trabajando

La evidencia internacional demuestra que los programas más efectivos de capacitación son aquellos que se desarrollan en el lugar de trabajo (por sobre el tiempo utilizado en la sala de clases). Ello se explica porque tanto las habilidades blandas, el trabajo en equipo como aquellas más específicas a ese empleo, se adquieren de mejor manera en un ambiente con colegas y equipamiento real y no simulándolo en una sala de clases. Los trabajos de verano y las prácticas producen los mismos efectos positivos en el aprendizaje, por ello estas últimas son obligatorias en la mayoría de las instituciones de educación superior.

Además, si consideramos el hecho que para los jóvenes es más complejo conseguir empleo, estas experiencias son una buena herramienta para entrar al mundo laboral al demostrar a eventuales empleadores experiencia valiosa, generar contactos y referencias que puedan entregar una oportunidad de empleo o una recomendación ante otros empleadores. Por otro lado, es útil para que los jóvenes vayan descubriendo qué áreas son las que le resultan más interesantes para su desarrollo profesional.

En el caso de las empresas, las prácticas les permiten identificar a nuevos talentos que puedan trabajar en ellas –disminuyendo los costos de reclutar nuevos trabajadores- y, en los meses de verano, suplir la mayor demanda por personal en ciertos sectores económicos (retail, turismo, agrícola) o a quienes salen de vacaciones en esta época. Por ende, es un escenario en que ambas partes, jóvenes y empresas, se ven beneficiados.

 

  1. Compatibilizar estudios y trabajo

Existe un porcentaje entre quienes realizan sus prácticas o trabajos de verano que tienen la posibilidad de quedarse trabajando part-time en la empresa mientras terminan su carrera. Dado los beneficios económicos (en términos de ingresos extra) y para la carrera profesional futura, esta es una excelente idea. Sin embargo, esta práctica es poco común en nuestro país. Tal como lo demuestran los datos donde sólo un 9,3% de los jóvenes chilenos entre 18 y 24 años trabaja y estudia (ver gráfico), cifra muy baja respecto a la que presentan otros países desarrollados o incluso cuando nos comparamos con otros de la región.

Es habitual, por ejemplo, en los países más desarrollados ver a los estudiantes a cargo de labores en la cafetería, biblioteca o en la organización de actividades de la institución donde estudian. También, en empleos temporales en empresas ligadas al rubro en donde posteriormente quieren trabajar.

Lo anterior puede explicarse por varios factores. Temas como el teletrabajo o mayor flexibilidad en los contratos son dos de ellos. Asimismo, la existencia de un sueldo fijado por horas (y no en una jornada completa de 45 horas semanales) que facilita la contratación de trabajadores part-time. Este es el modelo usado en países como Australia u Holanda que, además, tienen una estructura de sueldo mínimo diferenciado para menores de 22 años.

Es por ello que no es extraño que dichos países sean más exitosos en incluir a los jóvenes al mundo laboral durante su época estudiantil lo que, sin duda, es una contribución a su inserción en el mercado del trabajo una vez que finalicen sus estudios.

  1. Transición al primer trabajo

En general, la poca flexibilidad laboral que existe en nuestro país desincentiva a los empleadores a contratar personal, porque saben que si baja la actividad económica, no podrán ajustar el número de trabajadores de manera ágil. Esto es especialmente perjudicial para los jóvenes, quienes carecen de experiencia previa, por lo que además de sortear las trabas descritas, enfrentan incertidumbre del empleador acerca si calzarán con el perfil que se requiere para desempeñar una determinada labor. Es ahí donde un trabajo temporal, de verano o una práctica pueden ser utilizados como un periodo de “prueba” y hacer la diferencia al enfrentar la búsqueda de trabajo, ya que permite demostrar su experiencia y, por qué no, abrirles las puertas para un trabajo permanente en esa misma empresa.

Quienes no hacen prácticas o las realizan solo por cumplir, sin utilizarlas como una herramienta que les pueda servir en el desarrollo de su carrera profesional, se enfrentan a otro problema que es parte de nuestra añeja legislación laboral. Chile es el único país de la OECD que no considera un “periodo de prueba” dentro de sus contratos, lo que desincentiva aún más la contratación de personas con limitada o sin experiencia.

Este tipo de acuerdos consiste en contratos de trabajo que, cumpliendo con todas los requisitos y obligaciones legales de un contrato indefinido (como cotizaciones previsionales y seguros), incluyen un plazo en donde tanto el trabajador como el empleador pueden terminar la relación contractual en caso que no haya un match adecuado entre las necesidades de la empresa y las expectativas del trabajador. Pese a que diferentes países tienen distintos tipos de regulación para estos periodos de prueba, es común que esté establecido en la ley laboral como es el caso de los países nórdicos (Dinamarca tiene periodos de hasta 9 meses, Suecia 6 meses y Finlandia 4 meses) o como parte de los contratos en diversas latitudes (como en Japón, España o el Reino Unido).

En cambio, en nuestro país un periodo de prueba no está permitido[1]. Es por ello que ante la ausencia de este tipo de mecanismos, se suelen utilizar medidas que son menos beneficiosas para los trabajadores como, por ejemplo, trabajo contra boleta de honorarios o a plazo fijo y luego de un tiempo firmar contratos indefinidos.

En este contexto, este tipo de trabajos pueden ser positivos, ya que permiten sortear la falta de periodos a prueba y las demás trabas en la legislación laboral chilena imponen a la contratación de jóvenes.

[1] Salvo en el caso de los trabajadores domésticos, que representan el 4% de los trabajadores, en cuyos casos cuentan con un periodo de prueba por 2 semanas.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *