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La flexibilidad laboral, que según la encuesta CES – CADEM es apoyada por un 87% de los trabajadores del país, es clave para incrementar la productividad de las empresas. Pero mucho más importante aún es que un mercado laboral más flexible es beneficioso para los propios trabajadores y permite integrar a más personas a la fuerza laboral. Esto es especialmente cierto en el caso de los grupos más vulnerables (por ejemplo, mujeres, jóvenes y adultos mayores) y para aquellos que no tienen más opción que encontrar un trabajo que sea compatible con el resto de sus responsabilidades.

Un mercado laboral flexible es más inclusivo.

En Chile sólo una de cada dos mujeres participa en el mercado laboral. Es decir, el 50% no tiene un empleo ni busca trabajo. En el caso de los jóvenes menores de 30 años, la tasa de cesantía es el doble del promedio nacional, alcanzando un 12,6%. A su vez, la participación de los adultos may- ores en el mercado laboral es muy baja. Por ejemplo, en el caso de las mujeres mayores de 60 años, sólo 1 de cada 3 tiene trabajo.

Un mercado del trabajo más flexible permitiría que más gente pueda ingresar al mercado del trabajo, ya que tanto los trabajadores como las empresas tienen la capacidad de adecuarse a sus respectivas necesidades, permitiendo más oportunidades de empleo y generando ingresos para quienes hoy no acceden a un puesto de trabajo. Así, madres trabajadoras podrían conciliar de mejor manera responsabilidades laborales y familiares; jóvenes compatibilizar estudios y trabajo, facilitando su inserción al mundo laboral; y ayudaría a que los adultos mayores sigan aportando su experiencia, si así lo desean.

Un mercado laboral flexible es más diverso.

Como consecuencia de los datos arriba mencionados, un 30% de los ocupados en Chile son hombres entre 30 y 54 años. Del total de personas que no tienen o no buscan empleo, un 22% son jóvenes entre 20 y 29 años y dos de cada tres son mujeres. Lo anterior hace que nuestros espacios de trabajo sean menos diversos y restringe las opciones de equipos que, con distintas miradas, logren respuestas más innovadoras a los problemas que enfrentan.

Un mercado laboral flexible es más justo.

Hoy casi un tercio de las mujeres que no busca trabajo por tener “responsabilidades familiares permanentes”. Eso significa un total de casi 1,4 millones de mujeres. Quienes tienen más recursos económicos pueden decidir que uno de los miembros de la familia se dedique prioritariamente a las tareas domésticas y al cuidado de menores o enfermos. O quizá utilizan parte de sus ingresos para contratar ayuda (enfermeras, niñeras, etc.) para dichas labores. Por otra parte, los jóvenes provenientes de familias de mayores recursos tienen la suerte de concentrarse únicamente en sus estudios, sin necesidad de trabajar al mismo tiempo.

Esa opción no existe para las familias más vulnerables, que no tienen como costear ayuda externa ni tampoco pueden darse el lujo de tener un solo ingreso. De esta forma, un trabajo flexible es la única alternativa de muchas personas para cumplir responsabilidades en el hogar y obtener ingresos que muchas veces son significativos para la economía familiar. Lo mismo pasa en el caso de estudiantes que necesitan de un ingreso para costear los gastos de la universidad o para quienes, por distintos motivos, únicamente pueden trabajar algunas horas a la semana y sus opciones son: tener un empleo flexible que se adecue a sus necesidades o no trabajar y dejar de recibir ingresos.

Fuente: Los datos de este documento corresponden a información de la Encuesta Nacional de Empleos que realiza el INE (Trimestre Nov 2017 – Ene 2018)

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